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jueves, 23 de febrero del 2012
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La
base de todo adiestramiento radica en la paciencia y la perseverancia.
Los perros poseen una sensibilidad a flor de piel, de modo que es muy importante
que, durante todo el adiestramiento, se emplee siempre un tono firme y
decidido en la voz de mando, pero nunca agresivo. La voz es el medio por el
que el perro comprende si su amo está contento o enojado; por ello, el tono que
se utilice resulta de vital importancia; siempre debe ser firme pero no
agresivo, y sólo más seco en el momento de retarlo o demostrarle que algo
que está haciendo es incorrecto. Por supuesto, será más suave para gratificarlo.
Gritar descontroladamente ante algo mal hecho, enojarse y emplear un matiz
histérico, son comportamientos negativos y su resultado siempre es malo. La
conciencia del tono es importantísima en el instructor, por lo que si un día se
siente nervioso o tiene problemas totalmente ajenos al perro, lo mejor es que
ese día no trate con él, ya que lo percibiría y creería que él es el causante
del enfado, lo que lo confundiría, aunque no fuera así.
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